Internet daña sobre todo a las agencias

A finales de los noventa se produjo en Occidente una burbuja bursátil de grandes dimensiones que estallaría apenas entrado este siglo. Fue denominada “la burbuja dot-com”, en referencia a que el factor que provocó la inflación de precios fue fundamentalmente la expectativa en relación con el negocio en Internet. Sólo entre 2000 y 2002, tras la crisis, algunas empresas electrónicas perdieron en la bolsa americana un 98 por ciento de su valor (Cisco o Nortel, por ejemplo). ¿Qué había ocurrido? Que lo que se esperaba de Internet no era para tanto: se creía que en unos años todos íbamos a terminar por comprar hasta los helados por la red, por lo que los valores de las empresas que abrían un negocio online se disparaban apenas entraban en el parqué. La realidad fue mucho más modesta.

Por lo tanto, el primer quinquenio del siglo es de adelgazamiento general. Salvo en un sector que, entonces y hoy, sigue siendo dominante en la red: el turismo. Internet se reveló inicialmente como ideal para la promoción turística; casi de inmediato se vio el potencial para la comercialización de viajes, dado que un billete de avión, si es en una ruta y con una compañía que conocemos, no exige demasiada gestión de intermediación; después vinieron los hoteles y hoy también los paquetes turísticos.

Así, casi veinte años después del nacimiento de Internet, el informe de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones de España (CNMT), publicado esta semana, en el que pondera el comercio (no sólo la información) online, destaca que prácticamente el turismo es el 25 por ciento de todas las transacciones que se llevan a cabo en la red. En cambio, la venta de ropa apenas es el 4 por ciento y la alimentación no llega al 3, justificando el acierto de quienes hicieron estallar la burbuja dot-com a comienzos de siglo.

Los datos pueden inducir a cierta confusión porque hay dos variables a considerar: por un lado el número de transacciones y, por otro, el importe de las mismas. Como es normal, las ventas turísticas tienen un valor medio superior a las ventas de música, libros o publicaciones, por lo que hay ciertas diferencias: menos transacciones, más valor.

En cuanto a negocio, casi el 12 por ciento de todo el dinero que se movió en la red fue para agencias de viajes y operadores turísticos, sector líder en la red; en segundo lugar estuvo el transporte aéreo, a dos décimas del 10 por ciento de todo el mercado; en tercer lugar el marketing directo; en cuarto el transporte terrestre, con casi un 5 por ciento. Es decir: turismo y transportes son más del 25 por ciento de la facturación de Internet, todo ello en detrimento de las agencias de viajes, aunque hay que matizar que buena parte de esas ventas se dirigen a ciudadanos residentes fuera de España, por lo que en todo caso afectan a agencias de viajes no nacionales.

Si el total del comercio electrónico en España en 2012, según la CNMT, llegó a los 2.600 millones de euros, el turismo y transporte supusieron, pues, algo menos de 700 millones de euros, según estas cifras oficiales. El crecimiento respecto del año anterior se redujo a sólo un 10 por ciento.

En otras palabras, la revolución comercial de Internet no ha sido realmente lo que inicialmente se esperaba, salvo para unos pocos sectores económicos entre los que destaca de forma muy importante el turismo. Y, en líneas generales, son los billetes de avión y transportes terrestres, los alojamientos y los paquetes turísticos los productos que se han adaptado mejor a las características de la red, a su inmediatez, rapidez y despersonalización; los que se pueden vender tanto mirando a los ojos del vendedor como clickando una pantalla y dialogando con un servidor en paradero desconocido.

Curiosamente, todos datos que afectan básicamente a las agencias de viajes, lo cual en cierta medida permite afirmar que este ha sido el negocio más perjudicado por la red. La gran burbuja al final fue fundamentalmente turística. Lo demás aún deberá esperar.

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